CANIS LATRANS

Caminando seriamente
en la Plaza Tribunales
aparecen dos coyotes, Cráneo y Grifo.
Radio en un hombro
y toalla en el otro,
Cráneo.
Balde blanco de diez litros,
con agua, Grifo.
Anteojos de sol
económicos, los dos;
remendados
en la patilla derecha,
Grifo.

En ojotas, seriamente.

Cráneo sabe la letra,
Grifo tararea y silba
alternadamente.
Ambos atentos al momento en que harán silencio
para pescar una buena orata.

Musarañas y campañoles
ascendieron al vértice de la pirámide
alimenticia de los coyotes.
Coquita, cohete y caña de pescar
llegaron para quedarse.
La estación de acoplamiento, despedazada
-con eso de las semillas manipuladas
se acopla todo el año-. En la Plaza
Tribunales pica de lo lindo.

Espacio

Mi nombre vuelve
de caminar el puentecito
tendido contigo.

Sale hacia tus ocho manos
que dudan en desnudarse y se apoyan
como quien puede
a tientas,
en cualquier sosten
despacio con las manos
a ciegas
despacio
mi nombre en tu boca da flor.

Corpi in camera oscura

Así de pronto
tu presencia compone en mi ojo
la imagen de la ciudad invertida
que a través de los resquicios de la persiana
había estado allí desde siempre
esperándo que yo aprendiera a leer.
¿En el vientre de qué gallina habrá pasado
protegida
a través de los siglos
hasta nosotros?
Vos, tercer polo del mundo
desinmantador de brújulas
descubriendo con tu artefacto
el resquicio incensurable
(taparlo en parte
sólo disminuye la escala
de nuestra ciudad);
vos reloj de sol
que vuelve péndulos
los duros edificios anclados
allá afuera.
Yo abro muy grande esta boca
acallo momentáneamente
tanto aturdimiento
encuentro aquello
que he tenido siempre.

Extravío de carnaval

Pasó el mediodía sobre los nombres,
sobre el total de las lenguas.
Pasó arrollando las divisiones del tiempo,
Arrasando con la dirección de las calles,
con los hábitos de las lenguas
-las otras-
que son socios de esta hora
y no de otra.

Mi peinado de carnaval
arrastrado por el sudor de la tarde
extravió su forma.

Empastada, sobrevive sola
una estructura derrumbada de horquillas.
Por el cese mismo de la tirantez
entra una mano
sin instrumento:
tu mano apenas,
contra todo pronóstico,
inventando maniobras
que desmontan
su enredo imposible.

Avistaje de ballena

Cuando estén allí
la reconocerán porque se ríe de todo
pero no deja entrar a nadie.

En el momento oportuno de la temporada,
la verán en la piel de una niñita
a la que dejaron sola
en un balneario concurridísimo.

Querrá hacer experiencia
de la palma y el tronco pero
entendámosnos con brutalidad:
es incapaz de terminar un solo verso.

Lancen por la borda del gomón
cualquier esperanza
de encontrar algo en sus borradores.

Ella igualmente los mostrará:
se apreciarán apenas
su respiración y alguna pausa…

Es una piedra preciosa
que ha enloquecido.
En lo que tarda
en pelar una naranja
se esconderá en un rincón de la música,
denunciará que la jaula sangra porque encierra al animal,
descubrirá por azar
y olvidará por necesidad.

Si llegara a hacer trazo en ustedes
recuerden
que ella crece la fruta,
marchita la fruta,
la come a los gritos
y vuelve a empezar.

Vislumbro cierta conocida arma antigua
y lanzo
desde el medio del mar
una bengala.

Llega alguien.

Nadie más mira si tiemblo,
aquí, en mi mar.

Veo que para las naves se yerguen los faros;
para los aeroplanos, los radares.
Que cada medio de locomoción
ha desarrollado sus referencias
y que soy el territorio
de su sistema de señales.

Viajan hasta mí
a la velocidad de la luz
su muñeca plegada,
sus uñas y pellejitos.
Llega entero,
rojizo vaya una a saber
gracias a qué artificio.

Confunde mi imaginación
colgándo de mi cuello
un cráneo de conejo.
Floto porque ahuecó mi cuerpo.
Canto con ojos y boca de pez:
mi cabeza entera se ha vuelto un ocelote.
Tengo las rodillas enclenques
del cabrito reciente.
Soy el gorrión enjabonado que trina
esperando a pico abierto.

Yo lo traduzco a calor:
busco mi apetito,
sueno en el vacío,
construllo una grulla espacial que baila
con su cinta bermellón,
galopo con fieras bebés
y entibio en mi mano el talismán.